lunes, 17 de enero de 2011

...



Amaneció intranquila,
había vuelto a soñar con japoneses .
Se quedó en la cama escuchando los autos
un colectivo que doblaba violentamente la esquina
y a los japoneses,
marchaban en fila y bailando
volviendo hacia su inconsciente.
No lograba pensar.
Solía dejar al menos esos 5 minutos de su día
libres de pensamientos.

Miró hacia el costado
y descubrió que estaba sola.
La sorprendía eso cada mañana,
la Soledad le era extraña
o ella una extraña a la Soledad.

Ambas se levantaron,
fueron a tomar unos mates.
Se miraron a los ojos sin hablar,
haciéndose amigas
de a poco,
para acostumbrarse una a la otra
y a sus vicios de convivencia forzada.
Se tropezaron en el espejo del baño,
esperaron en silencio
hasta que
finalmente
se gustaron.

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